Veinte años viviendo en Las Lajitas dejan huella. Ignacio Lupión lo dice sin rodeos: se siente parte de la zona, tanto de Las Lajitas como de González. Llegó como veterinario, especializado en hacienda, y fue aprendiendo la lógica de un territorio que desde afuera parece árido pero que reconoce es uno de los polos productivos más dinámicos del norte argentino. Conoce el agro, sus problemas y sus luchas desde el lado del productor y agregó otra mirada como presidente de la Sociedad Rural Salteña donde medió entre productores, leyó el mapa económico del sector y defendió posiciones en contextos donde las reglas cambian con frecuencia; desde diciembre de 2025 suma una tercera responsabilidad desde su rol como Ministro de Producción y Minería de Salta.

Los números que ordenan la discusión
En la Expo Prograno en Las Lajitas, Lupión explica por qué Las Lajitas y sus alrededores importan en el mapa productivo provincial. El rinde de soja en la zona ronda los 3.000 kilos por hectárea, comparable al de la pampa húmeda, y eso no es casualidad: responde a condiciones de suelo y a un ciclo húmedo que lleva cuatro décadas. Pero ese rendimiento no se distribuye de manera uniforme: trazando un radio de veinticinco a treinta kilómetros desde el pueblo, se concentran las mejores tierras. Más allá, los rindes caen, aunque las zonas siguen siendo productivas y viables.
El problema, dice el ministro, no es agronómico sino logístico y fiscal. La soja que se produce en el norte salteño recorre entre 1.200 y 1.300 kilómetros hasta los puertos de Rosario para poder ser comercializada, porque en la región no existen plantas de transformación en aceite a escala industrial. Ese flete es uno de los costos más altos de la cadena; las retenciones nacionales —que en su pico llegaron al 35% del precio— reducen el margen hasta hacer inviable producir en zonas con rindes menores.
El nudo que hay que desatar
La alternativa que Lupión identifica como estratégica es transformar la soja localmente: extraer el aceite en la provincia y utilizar el subproducto —el pellet— para engordar hacienda en la zona. Una cadena integrada que reduciría el volumen a transportar y generaría valor agregado antes de salir de Salta. El obstáculo es el volumen: una planta industrial necesita trabajar todo el año, lo que implica stockear grano entre cosecha y cosecha, con el costo financiero que eso representa. Por eso, hasta ahora, no se justificaba una instalación de gran escala. Aunque ya hay plantas más pequeñas que empezaron a operar, y Lupión ve en eso una señal de que la ecuación empieza a cambiar.
La otra apuesta logística es el corredor bioceánico. Salir desde Las Lajitas hacia los puertos de Mejillones o Antofagasta, en el Pacífico, implicaría un flete de novecientos kilómetros en lugar de los 1.400 que separan la zona de Rosario. Si además se recupera el tren que cruza la cordillera —el único de todo el país que lo hace, y que hoy funciona con déficit de infraestructura y falta de locomotoras—, la ventaja competitiva sería significativa.
Tres millones de hectáreas esperando
En ganadería, Lupión señala lo que considera el gran activo subutilizado de Anta: tras el ordenamiento territorial del año pasado, hay tres millones de hectáreas en condiciones de incorporarse a la producción agropecuaria. No son montes vírgenes, sino tierras que ya tienen ganadería extensiva bajo monte, con cargas muy bajas. La pregunta es cómo convertir ese potencial en producción real.
Lo que el ministerio enseña
Lupión llegó al cargo conociendo el sector desde adentro. Pero gobernar una cadena productiva implica dimensiones que el campo no siempre muestra: negociaciones con Nación, infraestructura, política comercial, articulación con municipios.
Previsibilidad como condición
En su análisis del contexto macroeconómico, Lupión es claro: cualquier inversión en el campo tiene un horizonte de cinco años o más. Comprar maquinaria, implantar pasturas, desarrollar un rodeo: todo eso requiere saber que las reglas del juego no van a cambiar a mitad del partido. Su lectura de los últimos dos años es que se están sentando las bases para esa previsibilidad, aunque reconoce que la microeconomía todavía no lo refleja en la vida cotidiana de los productores.
Las retenciones siguen siendo el punto de tensión central. Lupión no esquiva el tema: hay que eliminarlas.
La innovación como cultura
El campo argentino, dice Lupión, es uno de los más tecnificados del mundo; las sembradoras de fabricación nacional con tecnología de precisión que se ven en las exposiciones productivas de la zona son una muestra de esa apuesta sostenida. Sostenerla requiere condiciones que exceden al sector: precios, mercados, infraestructura y, sobre todo, reglas estables que permitan amortizar la inversión en el tiempo previsto.

