editorial¿Campo vs. Comunidad o Campo y Comunidad? ¿Qué queremos?

editorial¿Campo vs. Comunidad o Campo y Comunidad? ¿Qué queremos?

Estos últimos días tuve la oportunidad de asistir a dos eventos que me hicieron pensar. Comparto con ustedes mis reflexiones.
El primero fue la Jornada organizada por PROGRANO; aprovecho para felicitar a los miembros de la entidad y a sus organizadores por el evento. En esta jornada tuvimos la posibilidad, entre otras cosas, de escuchar el análisis del economista Iván Ordoñez sobre una encuesta realizada en octubre, por distintas ciudades de la Argentina respecto a la percepción e imagen que tienen la sociedad del hombre de campo.
El segundo evento fue un viaje de estudio que realicé invitado por Solidaridad (www.solidaridadsouthamerica.org) a la ciudad de Belem en Brasil. El objetivo del viaje fue estudiar la cadena de valor de la soja Sudamericana – China. La ciudad de Belem pertenece al Estado de Pará. Allí se lleva a cabo una iniciativa llamada “Municipios Verdes” donde se busca garantizar la producción sustentable para los clientes y para la sociedad en general.
Uniendo los dos eventos, concluyo que la gente de la ciudad y nuestros clientes nos demandan respuestas que no estamos dando los hombres de campo. ¿Por qué nos pasa esto y qué podemos hacer?, son las preguntas que el campo debe trabajar; necesitamos dar una respuesta.
Me gustaría reflexionar que los hombres de campo también somos ciudadanos comunes, padres, hijos, hermanos, maridos, que sólo nos diferenciamos por trabajar la tierra, ¿estará acá la cuestión? ¿En cómo lo hacemos? Me atrevo a decir que sí. Nos cuestionan prácticas que para nosotros son las más habituales, pero para otros no están bien: fumigaciones o uso de pesticidas, cambios de uso de suelo o desmontes y contaminaciones de ríos entre otras. Los productores no nos levantamos a trabajar pensando que vamos a destruir, contaminar o matar, todo lo contrario, plantar una semilla es dar vida, cuidamos a las vacas madres para que críen bien sus terneros y producimos alimentos. Es evidente que lo que nosotros hacemos pensando que está bien, para muchos no lo está.
Nuestro desafío es no ponernos en el lugar de víctimas y ser proactivos al cuestionamiento. Enfrentarnos no es el camino. La sociedad es quien tiene el poder de otorgarnos la “licencia social para producir” y el cliente es quien decide si acepta el producto y todo lo que este implica: dónde se lo produjo y cómo se lo produjo (trazabilidad).
Entiendo que tenemos un camino lleno de desafíos, pero es a través de la trasparencia, acceso a la información, buenas prácticas y comunicación efectiva, la forma en que podremos acercarnos.
El consumidor quiere alimentos seguros, inocuos y accesibles y no sentir que comprándolos es cómplice de la destrucción del ambiente. El campo puede dar respuesta a estos cuestionamientos y debe comunicar cómo lo hace.
Lucas Elizalde
Presidente SRS

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