Semblanza para el Bebe Mussari

Semblanza para el Bebe Mussari

Mi Tata, el Bebe

Dolores Mussari

Me pidieron que escribiera unas palabras sobre mi papá, Carlos Mussari. Podría empezar diciendo que fue ingeniero zootecnista, que trabajó más de cuarenta años en la Agropecuaria El Guanaco, lugar que administró, desarrolló y, sobre todo, amó profundamente, convirtiéndolo en su lugar en el mundo.

Su visión de futuro, su gran potencial profesional y su capacidad de liderazgo, lo llevaron siempre a participar en instituciones que lo enriquecieran y que le permitieran hacer un aporte al desarrollo de la actividad ganadera en el NOA. Así, llevó sus primeras inquietudes al CREA Juramento, grupo al que perteneció durante décadas; participó en la Asociación Braford Argentina, donde fue jurado en numerosos concursos y desde donde bregó por traer a Salta lo mejor de la raza; y perteneció a la Sociedad Rural Salteña desde distintos lugares, hasta llegar a presidirla en el período 2008-2010. Fueron años difíciles para el campo, y muchos lo recordarán defendiendo con bravura los intereses del sector.

Sin embargo, no es ésta la semblanza que me interesa hacer de él. Quiero, en cambio, hablar de mi Tata.

Mi Tata era un tipo de pocas palabras. Cuando hablaba, lo hacía con el aplomo de quien sabe lo que dice. Pero, además, era un hombre de palabra: para él, no había contrato más valioso que el de la palabra empeñada.

Era solitario, pero tenía muchos amigos. Una de las cosas más reconfortantes que vivimos en medio del inmenso dolor por su pérdida, fue la presencia de tantos amigos y conocidos que se acercaron a darnos el pésame. Todos ellos nos transmitían un mensaje en común: el Bebe fue un profesional de excelencia, pero sobre todo una gran persona, un buen amigo, un hombre de bien.

El 27 de agosto nos invitaron al almuerzo ganadero en la Rural para recibir una placa en su honor. Cuando Lucas Elizalde lo mencionó, vimos con asombro y con infinita emoción cómo todos se ponían de pie para homenajearlo. Creo que ese gesto lo describe mejor que cualquier semblanza que pueda ensayar en estas líneas, porque habla del respeto y el cariño que supo ganarse a lo largo de su vida.

Vivió como quiso, con una libertad sólo limitada por sus convicciones. Amó el campo como sólo se ama lo que se conoce desde el alma.

Fue también esposo de Elvita, padre de Caico, Diego, Agustina, Benjamín, Dolores y Mariano, y abuelo de Lucía, Sofía, Federica, Lucas, Tomás, Violeta, Bautista, Felipe, Delfina y Carlos María. Nos dejó el orgullo de llevar su apellido y el compromiso de honrarlo cada día.

A mí me dejó el gusto por el olor a la tierra cuando llueve, el valor de los silencios, la complicidad, el amor por el campo y por su gente, el recuerdo imborrable de su abrazo.

Quiero agradecer, en nombre de mi familia, todas las muestras de reconocimiento y afecto que nos brindaron. Estamos cosechando lo que él sembró. Por nuestra parte, vamos a recordarlo como se imaginó hasta el final: en el corral, rodeado de novillos, trabajando hombro a hombro con la peonada, siendo inmensamente feliz.

 

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