MANEJO DEL AGUA; SOLO UN CONSORCIO EN SALTA

MANEJO DEL AGUA; SOLO UN CONSORCIO EN SALTA

Manejo del agua

 

“…Así como somos muy eficientes en diseñar planteos productivos orientados a rindes, vamos a tener que incorporar nuevas habilidades y conocimientos para poder además planificar y gestionar el manejo del agua a través de diferentes alternativas…” (Gabriel Vázquez A. – Líder del Proyecto Ambiente CREA).

En la Jornada de Poroto y Maíz organizada por el INTA, el Dr. Matías Uriburu, abogado  y coordinador del Consorcio de Suelos Río del Valle-Río Dorado presentó la situación del único consorcio hídrico de la provincia. Este abogado trabaja en el sector hace más de 11 años con las figuras consorciales.

“Hoy hay un solo consorcio de conservación de suelos a nivel de cuencas en la Provincia de Salta y es privado. Está ubicado en la ruta provincial 5 de Las Lajitas, entre el puente del Río del Valle y la localidad de Coronel Mollinedo, abarca 48.400 has y tiene 6 años de vigencia”.

Uriburu expresó que cuando  surgió  el proyecto  no había ninguna regulación. “El 7 de julio de 2011, el gobierno provincial promulgó el decreto 3.133 que nos da la posibilidad de conformarnos. Hubo una discusión sobre el área de influencia y delimitamos con la Secretaria de Medio Ambiente y quedó  demarcado  en la ruta 5 con cada vértice pasan los márgenes  del Río Seco y el Río del Valle y el Rio Dorado”.

La iniciativa nació de manera privada por parte de productores que tenían problemáticas en común. Los objetivos que se plantearon entonces apuntaban a temas internos y externos.

En la mirada hacia adentro se propuso recuperar la aptitud del suelo. La Sinergia de productores: trabajar de manera coordinada y de manera asociativa. Fue innovador un una época de poco asociativismo que hoy se valoriza cada vez más.  El Acceso a Inmuebles, por falta de infraestructura.

Además se buscó concientizar a los vecinos en el respeto y las conductas como no tirar el agua entre vecinos, no tapar alcantarillas, no sacar las sistematizaciones a los caminos y las rutas y generar también  una consciencia de cómo se prorrateaban esos gastos de manera equitativa.

A nivel externo buscaron desde el principio los apoyos de municipio, provincia y nación. Especialmente teniendo en cuenta que los regula un decreto a nivel provincial y “si en 2019 cambia el gobierno se puede derogar  ese decreto. Por eso estamos trabajando en una ley marco”, anticipa Matías.

De la parte pública esperan obtener  Recursos Públicos, Concientización y Capacitación. También beneficios  y exenciones por buenas prácticas agrícolas y frente a inversiones que hagan los productores. “Después de años hubo un revalúo del impuesto inmobiliario  pero todos sabemos que hay un déficit de infraestructura  rural por parte del Estado. Después de negociaciones con el gobierno, este fondo y beneficio estaba destinado a consorcios y mesas sectoriales pero nosotros  somos los únicos que lo aprovechamos. Con este proyecto nos dieron el total del impuesto inmobiliario que en esta cuenca representa un millón de pesos por diez años y estamos transitando el tercer año. Aunque ese millón de pesos no es suficiente, significa un trampolín”.

En esa ley que el gobierno provincial tiene la voluntad de que se promulgue, según el representante del consorcio, se debería involucrar a todos los productores del área delimitada porque la falta de compromiso de uno o más, perjudica al todo.  Matías reflexiona: “Somos hijos del rigor, si hay una ley el productor se adapta. En el caso de nuestra zona, los productores son casi 20 y el decreto marca que es voluntario y el que no participa perjudica al conjunto porque no podemos intervenir y recabar información de sus campos.”.

Las problemáticas de los productores que generaron este consorcio  se resumen en el exceso hídrico. Surge por la interacción de 3 factores claves: CLIMA, SUELO, OBRAS DE INFRAESTRUCTURA.

“En virtud del análisis de una comisión técnica, se decretó que la recarga de la napa freática  era la causa de distintas situaciones como la falta de piso para sembrar o trillar, la salinización, la perdidas de hectáreas para cultivo, entre otros problemas”, explica el coordinador. Por eso la solución implicaba hacer acciones para disminuir los ingresos de agua y aumentar los egresos.

“Hicimos una inversión de 10 millones de pesos de manera privada con un plan de obras entre los 15 productores asociados. Se realizaron saltos amortiguadores, canales colectores, represas de laminación por ejemplo. Había diferencias de altura  que obligaron a hacer obras más onerosas y empezó esa sana negociación de dejar de lado los egoísmos. Fue un trabajo interesante entere todos los productos que dejaron de pensar: “Estoy invirtiendo en el campo de mi vecino a incorporar la idea: “Cada uno de nosotros somos dueños de las 45 mil hectáreas”. De hecho algunos productores invirtieron y las obras se realizaron en campo vecino

Durante el transcurso de las obras percibimos cambios. Los primeros efectos del diagnóstico demostraron que  el agua seguía el curso correspondiente. Como infraestructura hicimos 48kilómetros de canales, y movimos  6 mil metros cúbicos de tierra entre otros números importantes. Pero la inundación  que ocurrió en Las Lajitas a fines de abril de 2017, generaron en mi cabeza un cambio de paradigma. Si bien es un evento extraordinario, inmanejable por  exceso de agua en tan corto tiempo que llegó a 600 mm en 48 horas, nos hizo pensar en todo lo que nos queda por hacer. Mollinedo y Río del Valle, hubieran estado más afectadas de no haber tenidos las obras”.

Después de hacer esos trabajos, se probaron con esta situación extrema pero también se habían realizado después de tres años de sequía. Vimos que  la napa sigue fluctuando y llegó a niveles alarmantes, de 2 metros  pasó a 0,25 m. El manejo del agua subterránea es costoso y no queda más que trabajar en manera coordinada. Fue una frustración pensar que Venimos trabajando en esto hace 6 años y no fue suficiente.

A partir de esta experiencia  generaron un plan a largo plazo con la idea de que todos los proyectos lleguen a su fin. Dividieron ocho sub-cuencas por la topografía para que el trabajo específico no se disperse en su conjunto. Empezaron retrotrayendo la zona cuando esto era un monte y se preguntaban: “¿Cómo afectaba ese monte a esa agua que no infiltra”. Representando en el momento y situación, salieron dos ideas fuerzas buenas: pensar que la mirada que buscamos es una mirada en común, sin pensar en responsables –analiza Uriburu-. El productor de arriba no es el culpable de lo que le pasa al de abajo. Hay que hablar más sobre diagnóstico y no por emergencia. Hay que buscar la causa para mitigar la consecuencia”.

Según Matías, había que incentivar una “Identidad de Cuenca”, corresponsabilizar al vecino. “Tenemos empezar a generar conciencia educar al dueño del campo y todos los miembros de la cadena productiva, desde el puestero, asesores técnicos hasta el dueño del campo. Ya hicimos un decálogo para presentar el master plan.

Entre los beneficios que destaca un plan de esta envergadura:  Disminuye inundaciones. Amortigua los efectos de sequías. Minimiza los gastos de infraestructura, disminuye situaciones de emergencia social, genera una identidad de cuenca. Producen un análisis sobre diagnósticos y no emergentes. Educa y capacita. Las pregunta ahora son: ¿quién lo financiará, cuáles son los recursos con los que se cuenta, dónde está el Estado?. Pero ya identificamos qué tenemos que trabajar con este master plan mirando todos los factores como el clima y las lluvias de 2017 que ya quedan como antecedente, as habilitaciones de tierras, la siembra directa, la planificación y la estructura, diseño de rutas, de alcantarilla y toda la información que podamos recabar y la tecnología que podamos aplicar”.

Para Matías este tipo de proyectos son eficientes si se trabaja en equipo “Es un CAMBIO CULTURAL. Todos tenemos algo por hacer y debemos trabajar en forma coordinada”.

 

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